Agosto me sabe a poco. Me sabe a poco ese buen humor que tiene la mayoría durante los treinta y un días que dura, ese color moreno que indiscutiblemente mejora nuestro aspecto, esos miles de planes que acaban saliendo y convierten en especial cualquier momento, esos reencuentros que llevas esperando tanto tiempo -el resto del año, ni más ni menos-, esos viajes cuyos destinos no son muy lejos necesariamente pero que te permiten desconectar, esos bailes al son de canciones que no escuchas el resto del año… Definitivamente, agosto me sabe a poco.

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Y es que este mes se hizo para irse de vacaciones. Las ciudades se quedan desiertas, con la gente justa para seguir funcionando, con el fin de que quien se va no encuentre mucha diferencia al volver. Estos días es obligatorio sacudirse los pies antes de subirte al coche porque siempre los tienes llenos de arena, la hora te la dice el sol y lo más insignificante nos hace felices, ¿o no es poca cosa sentarse frente al mar, cerrar los ojos y escuchar las olas? Nosotros somos los que, con nuestra ilusión, lo hacemos grande. Como eso, todo.

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Sería bonito aprender a “agostizar” el resto del año, a emocionarnos a cada paso que demos, por insignificante que nos parezca. Vamos a darle esquinazo a la apatía, a asentir con la cabeza cuando no sabemos ni a lo que contestamos, a decir “no pasa nada” cuando realmente sí pasa -y de todo-, a saludar desde lejos cuando podemos dar un buen apretón de manos y transmitir tantas cosas…

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Es cuestión de tener ganas de demostrar que todo sería diferente sin ti en este mundo, quizá suene un poco pretencioso, pero ten por seguro que si un día decides quedarte en la cama y no poner un pie fuera de ella, algo cambiará ahí afuera, por mínimo que sea. Habrá quien extrañe tus “buenos días”, quien ingrese algo menos en su caja porque no desayunes tu media tostada con café o le compres el periódico, quien eche en falta tu diligencia a la hora de arreglarle unos papeles o cualquiera que sea tu trabajo, quien no se explique cómo no le has llamado hoy para preguntarle cómo se encuentra, quien se quede esperando tu visita o quien te pida lo de siempre en aquel bar y se quede mirado la hora, sin entender por qué no apareces…

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Que agosto no te sepa a poco, saborea cada uno de sus días y sus puestas de sol, toma fuerzas para lo que vendrá después, todo está por escribir y, a ser posible, sin torcerse. Que no te quepa duda de que lo que hagas a partir del uno de septiembre, dependerá en gran medida de lo que hayas vivido y bailado este mes… Tres, dos, uno: ¡¡Que suene la música!!

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2 thoughts on “Agosto… ¡Que suene la música!”

  1. Amiga!! Este veranito no se esta quedando nada corto!!! Y muchos de esos momentos por no decir todos estas presente haciendo que sean aun mas especiales asique no dejes de faltar que se te echara mucho de menos!! Un besito

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