Junio, para mí, es el mes de la impaciencia. Pero a diferencia de lo que pueda parecer por las primeras palabras de este post, acabaré rompiendo una lanza a su favor, no sin antes decir que… Cuando éramos pequeños esperábamos ansiosos que los treinta días que lo componen pasaran rápido, para dejar atrás libros y cuadernos, un curso entero y disfrutar de un verano que nos habíamos ganado, quien más y quien menos, a pulso.

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Pasados los años y ya en la Universidad, nuestra aversión a junio e incluso a los primeros días de julio crecía en proporción a los parciales y finales que nos esperaban, exámenes que antes o después certificarían lo que nosotros sabíamos desde que empezamos la carrera… Que éramos los mejores periodistas, abogados, biotecnólogos, empresarios o farmacéuticos que nadie pudiera contratar.

Cuando acabas la carrera, junio no es mucho mejor… Es simplemente el mes previo a las desbandadas que se producen en las grandes urbes; es pura cuenta atrás del que espera para volver a su ciudad, esa en la que nunca pensó veranear pero que se convierte en su destino favorito debido a un obligado exilio; es fin de semana tras fin de semana de playa, mojarte los pies en la orilla y vuelta a regañadientes a la rutina; supone para algunos, paradójicamente, el horizonte de nuevos proyectos laborales que, afortunadamente, les dejarán sin vacaciones; es -como decíamos antes- el mes hecho impaciencia.

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Pero aquí va mi alegato a favor de junio y de la impaciencia. El sexto mes del año -2013, ¿piensas mantener este ritmo frenético hasta que acabes?- es la antesala de esos días que muchos aguardan durante algún tiempo, a veces se disfruta tanto de la espera como de la llegada de eso que ansiamos. En cuanto a la impaciencia, tan denostada, yo tengo que decir que me encanta esa sensación… Al fin y al cabo, se tiene cuando se desea algo con mucha fuerza, son cosas que probablemente acabarán ocurriendo, en las que hemos puesto muchas esperanzas y ésta última probablemente sea de las palabras más bonitas de nuestro diccionario, así que nada relacionado con ella puede ser malo, ¡lógica aplastante!

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Dejemos la paciencia para todo lo demás, pero cuando hablamos de algo que deseamos con mucha fuerza como decíamos antes, entonces son palabras mayores y, sin duda, ¡se merece toda la impaciencia del mundo!

@RocioLacave

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