Al empezar este post para darle la bienvenida a marzo se me ha venido una palabra a la cabeza… Cambios, benditos cambios. Aquellos que le dan forma a nuestra vida, que son el motivo por el que saltamos de la cama, que nos recuerdan por qué seguimos intentándolo, que nos zarandean cuando nos acomodamos, que nos hacen replantearnos hasta lo que tenemos más seguro, que nos dan una de cal y otra de arena…

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No es que se hayan sucedido en mi vida últimamente, ni tengo previsto que tengan lugar de forma inminente, pero si echo la vista atrás recuerdo el tercer mes del año como una época de nuevos proyectos que fueron dejando lugar a realidades de las que hoy disfruto. Y que, antes o después, también cambiarán. Nada es estático, todo lo que vivimos va dejando paso a nuevas circunstancias, nuevas experiencias que nos harán disfrutar y también -por qué no decirlo- pasarlo peor, pero de todo aprendemos.

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Y los cambios no se producen por casualidad, aunque a veces es verdad que no hay nada como estar en el lugar y en el momento adecuados. Pero, la mayoría de las veces, somos nosotros los que los hacemos posibles con nuestras dudas, que se resuelven a base de tomar decisiones; con nuestros sueños y con nuestra capacidad para poner el despertador a la hora idónea; con las segundas oportunidades que nos damos a nosotros mismos, seguramente son las más difíciles de conceder…

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Los cambios comienzan a darse gracias a esas conversaciones con los que más queremos, de esas con las que el mundo va perdiendo velocidad. Suceden también cuando, teniendo en cuenta nuestras limitaciones, no nos derrumbamos, sino que intentamos compensarlas de alguna forma; cuando vamos con determinación a por lo que nos merecemos. Empiezan, en definitiva, en el preciso instante en el que empezamos a creer en nosotros mismos, en el que somos conscientes de todo lo que podemos ofrecer, en el que no nos tiembla la mano a la hora de firmar la larga lista de lo que somos capaces de hacer y de ser.

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Querido marzo cambiante, aquí me tienes, lista para bailar al compás que marques. Si queremos que algo cambie sólo necesitaremos tiempo, apenas un segundo es suficiente y, de eso, todos tenemos miles. 

6 comentarios en “Marzo cambiante”

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