Las palabras tienen un poder enorme, pero aún más los actos. Por eso, te resultará muy sencillo saber quién te quiere tener cerca, quién te echa de menos, quién comparte tus sueños, quién se alegra de lo bueno que te sucede, quién siente tus contratiempos como si fueran los suyos propios, quién atiende a tus asuntos con el interés del que parece tener algo en juego, tu felicidad nada menos. En definitiva, acabarás sabiendo distinguir entre los que están fuera y aquéllos que se han hecho un sitio en tu vida.

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Supongo que eso requiere un entrenamiento, conocer a mucha gente, tropiezos tuyos, suyos y de los dos juntos, y así poder comprobar si sigue a tu lado cuando levantes o te dejó y siguió su camino. Es complicado tener ese sexto sentido para prevenir las desilusiones, pero merece la pena darse cuenta por uno mismo, por eso da por bien empleadas las decepciones porque son necesarias para conocer a los que te rodean e incluso a ti mismo.

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No hay nada que te proteja de los demás, tampoco lo busques, será bonito aprender a golpe de sentimiento. A veces se gana, a veces se pierde, y no sólo obedece a cómo hacemos las cosas, sino de la persona a la que tenemos enfrente. Pero no olvides que lo que recibimos depende mucho de nosotros, lo que nos llega por parte de los demás estará determinado por lo que hemos sembrado.

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El otro día volví a escuchar este cuento de Jorge Bucay, contado por él mismo, y no se me ocurre mejor forma de ponerle punto final a este post que con sus palabras. Las relaciones humanas son el mejor regalo que recibimos de los demás, debemos cuidarlas sea cual sea su naturaleza y todo se resume en la moraleja de este relato… Pon atención.

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Un locutor le pregunta a Bucay acerca de cómo podemos saber que una relación ha acabado, él le responde con el cuento de una princesa que buscaba marido, se presentaron muchos candidatos a pesar del duro requisito que estableció, elegiría a quien aguantase 365 días, con sus noches, junto al palacio. Muchos fueron desistiendo debido a las duras condiciones en las que se encontraban, sólo resistió uno que siempre había estado enamorado de ella. La princesa había reparado en él, incluso le prestó ayuda en alguna ocasión para que siguiera aguantando allí, pero mantuvo las condiciones del principio, no le haría saber su decisión hasta que pasara el tiempo fijado. Por esa razón, una noche antes de que resultara ganador, decidió abandonar por una sencilla razón… “Me enteré de que me había visto, que me había elegido, que le había dicho a su padre que se iba a casar conmigo… Y a pesar de eso ¿no fue capaz de evitarme una sola noche de dolor? Alguien que no es capaz de evitarte una noche de sufrimiento no merece mi amor, ¿verdad?”

“Cuando tú estás en una relación y te das cuenta de que pudiendo evitarte una migaja de sufrimiento, el otro no lo hace, es porque todo se ha terminado”.

@RocioLacave

10 thoughts on “Ni una migaja de sufrimiento…”

  1. Doy fé de que esto es verdad “quien, a pesar de estar viéndote sufrir, no es capaz de evitarlo, significa q no te quiere”. Gracias por el relato, es precioso.

  2. Lo he descubierto por casualidad y solo quería felicitarte por lo bien que “escribes y describes los sentimientos”. Enhorabuena y sigue haciendolo con esa ternura y delicadeza.

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