Octubre sorprende… Levantarse un día con una hora menos trastoca planes, nos deja con la cuenta del sueño en números rojos y con la sensación de no haber aprovechado el sol que se nos ha regalado en los últimos meses. Siempre nos coge desprevenidos y, año tras año, nos lamentamos de ese baile de agujas que -aun pareciendo insignificante- puede llegar a cambiarnos el humor.

te lo dije cantando
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Tendremos que acostumbrarnos a vivir de nuevo con menos luz, a encender esa bombilla que nos presta lo que el sol nos niega; a cerrar las ventanas más temprano, a dejar de poner la vista en la calle para empezar a mirar dentro de nosotros mismos. Tendremos que acostumbrarnos a ver las hojas caer sin que ello suponga un drama, tendremos que comprender que hay hojas y cosas caducas que deben desaparecer para dejar paso a otras nuevas.

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Tendremos que rescatar esas prendas de abrigo que guardamos hace unos meses, inevitable repasar cómo estaban las cosas entonces y cómo están ahora. Tendremos que seguir sacando tiempo -incluso ahora que aparentemente disponemos de menos-, para hacer lo que nos gusta, escuchar a quien nos lo pide, hablar con quien nos entiende e intentar aquello que creemos que es imposible hasta convertirlo en posible, a fuerza de perseverar. Tendremos que reestrenar el otoño con la absoluta certeza de que es una estación tan propicia como otra cualquiera para que la magia surja, pero sin trucos por favor.

TE LO DIJE CANTANDO
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Tendremos que limpiar los zapatos con más asiduidad, el fango es su peor enemigo y habrá que bajar a él para librar esas batallas que requieren de nosotros implicación y determinación. Tendremos que saltar charcos, esquivarlos y así evitar ahogarnos en esa pequeña cantidad de agua, que a veces somos propensos a ello. Tendremos que encender la chimenea, ver cómo se consumen ciertos recuerdos y sentir el calor de una mano amiga, que nos ayude a resurgir de nuestras cenizas cuando sea necesario.

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Tendremos que ilusionarnos con todas y cada una de las cosas que nos trae octubre… Porque no es sólo aquello que se nos da, sino cómo lo recibimos, lo que puede transformar nuestra vida en cuestión de minutos.

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