Tienes suerte si has pisado la arena este verano algún día, no por el hecho de que mucha gente no lo hará -que también- sino porque puedes considerarte afortunado con menos de lo que crees y, a veces, es necesario que nos lo recuerden. Lo que hace especial un viaje no es su destino, ni toda la información que manejas antes de partir, ni siquiera lo que visitas una vez que llegas… Lo que realmente lo hará inolvidable es la gente con la que lo compartes, considera que estás teniendo unas buenas vacaciones si verdaderamente las estás viviendo con buenas personas a tu alrededor, tan sencillo como eso.

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Procura vivir las semanas de descanso que te quedan de forma que más adelante sean buenos recuerdos, los mejores. No lleves mucho equipaje, para poder volver con más cosas del sitio al que vas, materiales y de esas que no ocupan espacio… Reserva tiempo para ti, para conocerte mejor y saber qué esperas -sí,tú- de ti el próximo curso, pero sobre todo, para los demás, para esos que el resto del año están lejos físicamente o para quienes están tan cerca que su presencia acaba pasando desapercibida para ti. ¡¡Aprovecha cada segundo!! En invierno te faltarán horas al día para prestarle atención a quien tanto lo merece, cada instante que desaproveches te pesará cuando empiece a anochecer antes, cuando sientas que el tiempo, simplemente, se escapa.

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Si no puedes, no hagas muchos kilómetros, pero sí los justos para poner distancia entre lo que has vivido hasta hoy y lo que quieres vivir a partir de ahora, seguro que -por poco que sea- algo quieres cambiar. Entonces tendrás la opotunidad de verlo todo con otra perspectiva -tan necesaria-, sabrás qué quieres seguir teniendo en tu vida y qué te sobra, qué recuerdos quieres conservar y cuáles desterrar al olvido, qué caras quieres seguir mirando, que caminos deseas recorrer, en qué centrarás todos tus esfuerzos… No es tarea fácil, por eso merece la pena hacerlo justo ahora, nada mejor que tomar decisiones mirando al mar.

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¡¡No tengas miedo al cambio!! A veces resulta mucho más peligroso mantenerse estático, confía en que hay muchas cosas dispuestas para ti, a la espera de que las encuentres, cuestión de estar a la hora y en el sitio precisos. Las olas rompen, las mareas suben y bajan, ni un grano de arena permanece en el mismo sitio que el día anterior, pero la playa siempre está ahí. No te transformes, sólo evoluciona, será señal de que vives, de que tu paso por aquí no es en balde, de que merece la pena…

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Viaja todo lo que puedas, sí, pero no pierdas el norte. Vuelve siempre al lugar de donde partiste, no te olvides de todas las caras que te cruzaste por el camino, echa una mano y sé benevolente con los que no vieron la piedra. Haz fotos, pero no las repitas, que sean naturales y que te ayuden a recordar todo lo que vas dejando atrás… Y, sobre todo, lleva a mano el pasaporte, ten claro lo que pone en él, en definitiva conócete, será la única forma de que los demás también puedan hacerlo.

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@RocioLacave

3 thoughts on “Y el pasaporte, siempre a mano”

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